Ayudó a transportar a los heridos a las salas superiores para ser atendidos. Un guardia le hizo un gesto para que se acercase y en un lugar aparte le hizo entrega de un pergamino. Lo leyó para enterarse de que su padre estaba en apuros, le necesitaba por una razón inexplicable. Se hallaba en la ciudad humana de Nuln. Ceñudo pidió una audiencia y expuso su caso, pidiendo permiso para ausentarse. Afortunadamente había una caravana prevista para ir en esa dirección. Había vendido un cargamento variado a la ciudad y estaban formando la escolta, como el viaje, en parte se iba a realizar por pasajes subterráneos le concedieron el permiso y le adjudicaron en la escolta.
Inició el viaje junto a los otros, en la caravana. Se había despedido de su madre, su tío y amigos, no sabía cuanto tiempo estaría fuera. Sin duda le acecharían muchos peligros, pasando el viaje preguntando y escuchando sobre todo, de la boca de viajeros más experimentados que él, del mundo exterior. Asombrado asimiló muchas cosas y las memorizó pues sabía que todo eso le sería de gran ayuda luego. Con mucho cuidado atravesaron los túneles y pasajes, habían conseguido evitar a la mayoría de enemigos y bestias acechantes. Aún así, no se confiaban, pues restaba otra parte todavía más peligrosa y expuesta. En el exterior, tomaron el antiguo camino enano, vigilantes y pendientes, tras un recodo, en una hondonada, se estaba librando un desesperado combate. Acechados por gran número de pielesverdes un pequeño destacamento enano libraba una feroz batalla. Decididos, una parte de la guardia se quedó con el cargamento y la otra avanzó lanzando desafíos hacía la multitud de pieles verdes, el enfrentamiento fue cruento, las armas relucían y entrechocaban alrededor. Su armadura evitó, la mayor de las veces, que nada le traspasase en las ocasiones que, debido al gran número, superaban su guardia. Entonces vio a Freid, que se debatía furiosamente contra un gran orco, apenas guarnecido con armadura, parte de ésta destrozada y herido, no ofrecía demasiada resistencia. Abriéndose paso a martillazos, Kurgnor llegó hasta su amigo, en ese momento vio cómo recibía Freid un hachazo profundo en el costado, cargó lanzando un grito de guerra, el orco se giró de inmediato, intercambiaron golpes, era fuerte y veterano de varios encuentros el orco, a decir, por sus cicatrices. Le dolían los hombros de los fuertes golpes que paraba, una de las veces dio un salto a un lado para dejar pasar un mandoble del orco y descargar su martillo con furia en la pierna destrozándola, para, a continuación, con el mango, golpearle duramente la mandíbula y finalmente destrozar su cabeza de un martillazo final.
La refriega estaba acabada y los enanos habían conseguido hacer huir a los pocos pielesverde que restaban. Se acercó presuroso a Freid y este, malherido le hizo entrega de un pergamino con mano temblorosa y su barba y labios manchados de sangre. Con una sonrisa le dedicó sus últimas palabras.
Freid-“Tu padre medió esto para ti, gracias por vengarme, amigo”
Su mano cayó lacia e inerte al suelo mientras sus ojos se cerraban para siempre. Aferrando con fuerza su mano lanzó una plegaria por su alma a los dioses, había sido valiente y enfrentado a su final con entereza. Leyó la carta y se quedó helado, en ella le decían que su padre estaba grave, algo le había ocurrido y se hallaba herido seriamente. Había una dirección anotada junto a aquellas noticias.
viernes, 16 de noviembre de 2007
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)
No hay comentarios:
Publicar un comentario