jueves, 29 de noviembre de 2007
domingo, 25 de noviembre de 2007
Canto del Alba
Arde corazón y no temas, pues es el amor que llega el que
asoma por la puerta, late, pues quiero sentir el calor de mis venas
recorriendo mi cuerpo que helado está al contemplar lo más bello que
hay en esta creación, si..ella, que promesas son eternas en sus labios,
sus ojos amaneceres imposibles y su sonrisa noches de sueños. Dejame
un segundo más, corazón, que pueda sentir lo hermoso de su cercania..
asoma por la puerta, late, pues quiero sentir el calor de mis venas
recorriendo mi cuerpo que helado está al contemplar lo más bello que
hay en esta creación, si..ella, que promesas son eternas en sus labios,
sus ojos amaneceres imposibles y su sonrisa noches de sueños. Dejame
un segundo más, corazón, que pueda sentir lo hermoso de su cercania..
Canto de la Mañana
Flor de primavera, luce tus pétalos soñados mientras el
brillo de las gotas de rocio recorren tu suave piel, arde tu sonrisa, cual
amanecer carmesí que hace brotar suspiros en quienes te contemplan,
cubriendo de noches eternas de miradas encendidas tus ojos, luceros de
estrellas
brillo de las gotas de rocio recorren tu suave piel, arde tu sonrisa, cual
amanecer carmesí que hace brotar suspiros en quienes te contemplan,
cubriendo de noches eternas de miradas encendidas tus ojos, luceros de
estrellas
miércoles, 21 de noviembre de 2007
Viajes
Hola de nuevo
Aquí el menda sigue con sus idas y venidas, este finde..a granada. Y de mientras estoy mirando de ver la tierra de los ingleses.., la parte sur, que no es precisamente que me fascine pero hay un par de cosas que me interesan.Y sin más rodeos, estoy mirando y remirando y es caro de piiiiiii, y estando al lado, cuer...
A ver si consigo algo más decente...pq si no, ni modos...
Hida, El Caminante
Aquí el menda sigue con sus idas y venidas, este finde..a granada. Y de mientras estoy mirando de ver la tierra de los ingleses.., la parte sur, que no es precisamente que me fascine pero hay un par de cosas que me interesan.Y sin más rodeos, estoy mirando y remirando y es caro de piiiiiii, y estando al lado, cuer...
A ver si consigo algo más decente...pq si no, ni modos...
Hida, El Caminante
lunes, 19 de noviembre de 2007
Canción del Pasado VII
Dedicaron tiempo a dar los correspondientes ritos a los fallecidos y continuar su trayecto. No hubo más incidentes durante el viaje y finalmente llegaron a Nuln. Se separó, con abrazos y promesas de cerveza, de sus compañeros y buscó la dirección. Tras muchas vueltas la halló finalmente, el lugar era una mansión bien cuidada de aspecto adinerado. Llamó y preguntó por su padre, le hicieron pasar con rostros serios, conduciéndole hasta una habitación lujosa. Allí, tendido en una cama, se hallaba demacrado y pálido el cuerpo yaciente de su progenitor. Respiraba lentamente y con dificultad, el doctor, un humano negó con la cabeza al verle. Apretando los dientes se acercó junto a su padre. Este abrió ligeramente los ojos, como sintiéndole y le aferró con fuerza la mano. Los dejaron a solas y entonces, su padre, le habló con premura.
Kurvar-“Hijo mío, estoy orgulloso de ti, me fui de nuestro hogar en busca de una reliquia perdida. He dedicado muchos esfuerzos y tiempo en ello, pero sufrí un asalto en una casa abandonada a las afueras, unos humanos con túnicas negras, no pudieron arrebatarme el pergamino. Apenas me quedan fuerzas, júrame que seguirás lo que yo empecé y prométeme, jura solemnemente que no descansarás hasta haberlo conseguido”
Sabiendo que aquella era la última voluntad de mi padre y que estaba en juego una reliquia perdida de nuestro pueblo, grave como correspondía a la situación y con el corazón y el alma puestos, juré dedicarme y me comprometí por entero a aquella empresa. Sólo la muerte me apartaría de esa noble meta. Como si aquello fuera la única razón para haber permanecido con vida, le hizo entrega del pergamino y con esa misma sonrisa que le vio de pequeño, cuando mató a aquél escuchimizado goblin abandonó este mundo para reunirse a nuestros ancestros. Guardé el pergamino y asistí a su funeral, no fueron pocos los que asistieron y bebí cerveza a su salud. Luego viajé de vuelta para pedir audiencia al rey, allí, en el salón del trono, expuse mis motivos, mi juramento y razones. Debido a ello, y a que estaba en juego una reliquia se me concedió permiso para entregarme a aquella tarea. Juré que si hallaba la reliquia volvería para entregarla a sus manos y tras despedirme debidamente comencé aquella titánica tarea que había cargado sobre mis hombros…
(Continuará...)
Kurvar-“Hijo mío, estoy orgulloso de ti, me fui de nuestro hogar en busca de una reliquia perdida. He dedicado muchos esfuerzos y tiempo en ello, pero sufrí un asalto en una casa abandonada a las afueras, unos humanos con túnicas negras, no pudieron arrebatarme el pergamino. Apenas me quedan fuerzas, júrame que seguirás lo que yo empecé y prométeme, jura solemnemente que no descansarás hasta haberlo conseguido”
Sabiendo que aquella era la última voluntad de mi padre y que estaba en juego una reliquia perdida de nuestro pueblo, grave como correspondía a la situación y con el corazón y el alma puestos, juré dedicarme y me comprometí por entero a aquella empresa. Sólo la muerte me apartaría de esa noble meta. Como si aquello fuera la única razón para haber permanecido con vida, le hizo entrega del pergamino y con esa misma sonrisa que le vio de pequeño, cuando mató a aquél escuchimizado goblin abandonó este mundo para reunirse a nuestros ancestros. Guardé el pergamino y asistí a su funeral, no fueron pocos los que asistieron y bebí cerveza a su salud. Luego viajé de vuelta para pedir audiencia al rey, allí, en el salón del trono, expuse mis motivos, mi juramento y razones. Debido a ello, y a que estaba en juego una reliquia se me concedió permiso para entregarme a aquella tarea. Juré que si hallaba la reliquia volvería para entregarla a sus manos y tras despedirme debidamente comencé aquella titánica tarea que había cargado sobre mis hombros…
(Continuará...)
viernes, 16 de noviembre de 2007
Canción del Pasado VI
Ayudó a transportar a los heridos a las salas superiores para ser atendidos. Un guardia le hizo un gesto para que se acercase y en un lugar aparte le hizo entrega de un pergamino. Lo leyó para enterarse de que su padre estaba en apuros, le necesitaba por una razón inexplicable. Se hallaba en la ciudad humana de Nuln. Ceñudo pidió una audiencia y expuso su caso, pidiendo permiso para ausentarse. Afortunadamente había una caravana prevista para ir en esa dirección. Había vendido un cargamento variado a la ciudad y estaban formando la escolta, como el viaje, en parte se iba a realizar por pasajes subterráneos le concedieron el permiso y le adjudicaron en la escolta.
Inició el viaje junto a los otros, en la caravana. Se había despedido de su madre, su tío y amigos, no sabía cuanto tiempo estaría fuera. Sin duda le acecharían muchos peligros, pasando el viaje preguntando y escuchando sobre todo, de la boca de viajeros más experimentados que él, del mundo exterior. Asombrado asimiló muchas cosas y las memorizó pues sabía que todo eso le sería de gran ayuda luego. Con mucho cuidado atravesaron los túneles y pasajes, habían conseguido evitar a la mayoría de enemigos y bestias acechantes. Aún así, no se confiaban, pues restaba otra parte todavía más peligrosa y expuesta. En el exterior, tomaron el antiguo camino enano, vigilantes y pendientes, tras un recodo, en una hondonada, se estaba librando un desesperado combate. Acechados por gran número de pielesverdes un pequeño destacamento enano libraba una feroz batalla. Decididos, una parte de la guardia se quedó con el cargamento y la otra avanzó lanzando desafíos hacía la multitud de pieles verdes, el enfrentamiento fue cruento, las armas relucían y entrechocaban alrededor. Su armadura evitó, la mayor de las veces, que nada le traspasase en las ocasiones que, debido al gran número, superaban su guardia. Entonces vio a Freid, que se debatía furiosamente contra un gran orco, apenas guarnecido con armadura, parte de ésta destrozada y herido, no ofrecía demasiada resistencia. Abriéndose paso a martillazos, Kurgnor llegó hasta su amigo, en ese momento vio cómo recibía Freid un hachazo profundo en el costado, cargó lanzando un grito de guerra, el orco se giró de inmediato, intercambiaron golpes, era fuerte y veterano de varios encuentros el orco, a decir, por sus cicatrices. Le dolían los hombros de los fuertes golpes que paraba, una de las veces dio un salto a un lado para dejar pasar un mandoble del orco y descargar su martillo con furia en la pierna destrozándola, para, a continuación, con el mango, golpearle duramente la mandíbula y finalmente destrozar su cabeza de un martillazo final.
La refriega estaba acabada y los enanos habían conseguido hacer huir a los pocos pielesverde que restaban. Se acercó presuroso a Freid y este, malherido le hizo entrega de un pergamino con mano temblorosa y su barba y labios manchados de sangre. Con una sonrisa le dedicó sus últimas palabras.
Freid-“Tu padre medió esto para ti, gracias por vengarme, amigo”
Su mano cayó lacia e inerte al suelo mientras sus ojos se cerraban para siempre. Aferrando con fuerza su mano lanzó una plegaria por su alma a los dioses, había sido valiente y enfrentado a su final con entereza. Leyó la carta y se quedó helado, en ella le decían que su padre estaba grave, algo le había ocurrido y se hallaba herido seriamente. Había una dirección anotada junto a aquellas noticias.
Inició el viaje junto a los otros, en la caravana. Se había despedido de su madre, su tío y amigos, no sabía cuanto tiempo estaría fuera. Sin duda le acecharían muchos peligros, pasando el viaje preguntando y escuchando sobre todo, de la boca de viajeros más experimentados que él, del mundo exterior. Asombrado asimiló muchas cosas y las memorizó pues sabía que todo eso le sería de gran ayuda luego. Con mucho cuidado atravesaron los túneles y pasajes, habían conseguido evitar a la mayoría de enemigos y bestias acechantes. Aún así, no se confiaban, pues restaba otra parte todavía más peligrosa y expuesta. En el exterior, tomaron el antiguo camino enano, vigilantes y pendientes, tras un recodo, en una hondonada, se estaba librando un desesperado combate. Acechados por gran número de pielesverdes un pequeño destacamento enano libraba una feroz batalla. Decididos, una parte de la guardia se quedó con el cargamento y la otra avanzó lanzando desafíos hacía la multitud de pieles verdes, el enfrentamiento fue cruento, las armas relucían y entrechocaban alrededor. Su armadura evitó, la mayor de las veces, que nada le traspasase en las ocasiones que, debido al gran número, superaban su guardia. Entonces vio a Freid, que se debatía furiosamente contra un gran orco, apenas guarnecido con armadura, parte de ésta destrozada y herido, no ofrecía demasiada resistencia. Abriéndose paso a martillazos, Kurgnor llegó hasta su amigo, en ese momento vio cómo recibía Freid un hachazo profundo en el costado, cargó lanzando un grito de guerra, el orco se giró de inmediato, intercambiaron golpes, era fuerte y veterano de varios encuentros el orco, a decir, por sus cicatrices. Le dolían los hombros de los fuertes golpes que paraba, una de las veces dio un salto a un lado para dejar pasar un mandoble del orco y descargar su martillo con furia en la pierna destrozándola, para, a continuación, con el mango, golpearle duramente la mandíbula y finalmente destrozar su cabeza de un martillazo final.
La refriega estaba acabada y los enanos habían conseguido hacer huir a los pocos pielesverde que restaban. Se acercó presuroso a Freid y este, malherido le hizo entrega de un pergamino con mano temblorosa y su barba y labios manchados de sangre. Con una sonrisa le dedicó sus últimas palabras.
Freid-“Tu padre medió esto para ti, gracias por vengarme, amigo”
Su mano cayó lacia e inerte al suelo mientras sus ojos se cerraban para siempre. Aferrando con fuerza su mano lanzó una plegaria por su alma a los dioses, había sido valiente y enfrentado a su final con entereza. Leyó la carta y se quedó helado, en ella le decían que su padre estaba grave, algo le había ocurrido y se hallaba herido seriamente. Había una dirección anotada junto a aquellas noticias.
miércoles, 14 de noviembre de 2007
Canción del Pasado V
Recordaba cuando comenzó en la milicia, patrullando con sus compañeros los túneles, haciendo aburridas y largas guardias, pero como si sintiera que le estaba observando su padre, que a veces, ignorándolo, era cierto, se mantenía alerta y despierto, luchando contra el hambre, la sed y el sueño con todas sus fuerzas. Recordó su primer enfrentamiento y cómo su padre había olvidado su pequeña escapada e incursión a una parte algo abandonada de los túneles. Había ido con dos amigos, Freid y Gurson, en busca de un extraño símbolo, aunque en realidad era para demostrar quién era más valiente llegando más lejos. Ambos se marcharon varios metros antes, mientras Kurgnor se mantenía firme y resuelto aunque por dentro la inquietud le corroyese. Casi se queda blanco para toda su vida, pelo incluido, del susto que le dio un minero al encontrarle. Meneó la cabeza reprobador y cuando le iba a llevar de vuelta vio una figura esquiva y achaparrada que se movía de forma sospechosa, con un impulso se lanzó y cuando estuvo cerca se sorprendió que era un goblin, furioso, hirviéndole la sangre por las numerosas historias que había escuchado le golpeó repetidamente hasta no dejar rastro de vida de su escuálido cuerpo, así también obtuvo su primera cicatriz pues el goblin portaba una daga y le había hecho un corte en la caída. Cuando el minero se lo contó al padre, éste, le miró con unos ojos que hasta que no se hizo mayor no supo entender, tal recuerdo le hacía sonreír.
Ese arrojo se mantuvo en los siguientes años, sobre todo en la milicia, pero siempre con cabeza. Además de su amistad creciente con los mineros, a los que gustaba escuchar y compartir el delicioso sabor de la cerveza en la boca junto a una buena historia hizo que finalmente le admitieran entre las filas de los rompehierros. Su dedicación fue absoluta, alejando las travesuras de antaño junto a algunas correrías de joven. Sus amigos salieron un día de expedición, se despidieron cantando entre jarras de cerveza.
Penetró entonces en el oscuro mundo de los túneles solitarios, ayudándose en todas las historias que le habían contado para mantease en su sitio, pertrechado hasta el más mínimo milímetro de su cuerpo con buen gromril forjado. Su fiel martillo, su tío se lo regaló ceremoniosamente cuando ingresó en los rompehierros. Había dedicado largos años de cuidadosa espera guardándolo para ese día, pues no tenía hijos. Ni siquiera sabía ni le importaba si era mágico, era de su tío y lo guardaría y cuidaría en extremo, dándole un merecido uso. Ese uso fue contra los goblins y skavens exploradores que recorrían los túneles.
Uno de los días salió junto a otros rompehierros y unos mineros a reparar una sección de túnel. Alertas y precavidos marcharon por la oscuridad, iluminados apenas y casi sin necesidad por las velas de los cascos de los mineros. El túnel era una sección que era muy inestable y dada a los derrumbes, pero cerca había un corredor que se quería reabrir, despejado de enemigos ya, para su uso en las comunicaciones de la ciudad. Montaba guardia en su puesto, alerta y con su martillo, Rompealmas, como la mayoría de veces el tiempo transcurría mientras los mineros hacía su peculiar trabajo, en los que, de vez en cuando, saciaban su sed bebiendo de sus cantimploras con cerveza. Sintió un pequeño temblor, eso le inquietó y miró alrededor para hacerles un gesto a los mineros, estos no le dieron importancia y continuaron. Poco después una fuerte sacudida hizo desplomarse parte de la sección, entre alaridos y maldiciones atrapando a varios mineros. Corrió rápidamente para ayudar en el desescombro, echando de vez en cuando algunas miradas para evitar ser sorprendidos en el peor de los momentos.
Ese arrojo se mantuvo en los siguientes años, sobre todo en la milicia, pero siempre con cabeza. Además de su amistad creciente con los mineros, a los que gustaba escuchar y compartir el delicioso sabor de la cerveza en la boca junto a una buena historia hizo que finalmente le admitieran entre las filas de los rompehierros. Su dedicación fue absoluta, alejando las travesuras de antaño junto a algunas correrías de joven. Sus amigos salieron un día de expedición, se despidieron cantando entre jarras de cerveza.
Penetró entonces en el oscuro mundo de los túneles solitarios, ayudándose en todas las historias que le habían contado para mantease en su sitio, pertrechado hasta el más mínimo milímetro de su cuerpo con buen gromril forjado. Su fiel martillo, su tío se lo regaló ceremoniosamente cuando ingresó en los rompehierros. Había dedicado largos años de cuidadosa espera guardándolo para ese día, pues no tenía hijos. Ni siquiera sabía ni le importaba si era mágico, era de su tío y lo guardaría y cuidaría en extremo, dándole un merecido uso. Ese uso fue contra los goblins y skavens exploradores que recorrían los túneles.
Uno de los días salió junto a otros rompehierros y unos mineros a reparar una sección de túnel. Alertas y precavidos marcharon por la oscuridad, iluminados apenas y casi sin necesidad por las velas de los cascos de los mineros. El túnel era una sección que era muy inestable y dada a los derrumbes, pero cerca había un corredor que se quería reabrir, despejado de enemigos ya, para su uso en las comunicaciones de la ciudad. Montaba guardia en su puesto, alerta y con su martillo, Rompealmas, como la mayoría de veces el tiempo transcurría mientras los mineros hacía su peculiar trabajo, en los que, de vez en cuando, saciaban su sed bebiendo de sus cantimploras con cerveza. Sintió un pequeño temblor, eso le inquietó y miró alrededor para hacerles un gesto a los mineros, estos no le dieron importancia y continuaron. Poco después una fuerte sacudida hizo desplomarse parte de la sección, entre alaridos y maldiciones atrapando a varios mineros. Corrió rápidamente para ayudar en el desescombro, echando de vez en cuando algunas miradas para evitar ser sorprendidos en el peor de los momentos.
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