Largas hileras de Kazdalim, pertrechados con los mejores aceros surgidos de las fraguas. Bruñido acero que brillaba al sol, destelleando mientras el tronar de miles de botas hacía retumbar a la misma tierra que pisaban. Graves y atronadoras voces cantaban alabanzas a la gloria de los antiguos y los ancestros. Himnos de batalla que predecían al verdadero conflicto que tendría lugar.
Las defensas se organizaron, las maquinas se terminaron de ajustar. A lo lejos se fue formando el ejercito enemigo. Dentro de las defensas, el mismo Alto rey contemplaba impasible la escena, a su lado Kurdrim, su hijo y heredero con su armadura de guerra, ambos grandes luchadores y líderes. Los fornidos y acorazados guerreros que los acompañaban estaban sus pechos henchidos de orgullo ante el honor de luchar a su lado hasta la muerte.
A lo lejos negras nubes se formaban, llamas se alzaban al cielo, terribles y antinaturales. La oscura presencia del Caos se hacía notar, rugidos infernales llenaban el aire y una horrible pestilencia que emanaba de aquellas filas impregnaba el aire.
Lentamente las dos lineas de batalla se dibujaron, las tropas inquietas y furiosas, los odios enfrentados. La tensa calma que anunciaba un conflicto de grandes proporciones. Todos esperaban al inicio de las hostilidades. Una señal, un movimiento y todo se desataría en una vorágine de absoluta destrucción y masacre.
Tratom fue designado y colocado junto a una compañía de matadores, las instrucciones precisas. Los objetivos claros en cada una de las mentes de los presentes, no habría cuartel, no habría piedad ni descanso. La muerte era lo único que esperaba allí, ansiosa por llevarse a sus primeras victimas, se veía su mirada en el reflejo de los filos de las armas.
Un cuerno resonó, luego otro, varios chasquidos y a continuación un resonar abrumador, un fortísimo estallido, grandes esferas incandescentes comenzaron a surcar los aires, la respuesta no se hizo esperar. La artillería de uno y otro bando comenzó a funcionar, disparando continuadamente, los primeros destrozos y bajas se producían en cada bando, pero nada de eso desalentaba ni a unos ni a otros, al contrario, los instaba cada vez más al enfrentamiento directo.
Y entonces, el lider de aquellos impíos caballeros, el señor de las tropas del caos allí presentes se mostró, desafiante. Como si aquello era lo esperado, las enormes y mazizas puertas de la fortaleza se abrieron. El Alto Rey en persona salía al combate, al mando de un gran destacamento se fue posicionando y avanzando cubierto por las repetidas descargas de la artillería y diferentes piezas, arcabuces y demás armas de fuego. Los girocopteros comenzaron a surcar los aires para hacer frente a diferentes amenazas aéreas.
Con un rugido ensordecedor los matadores entraron en escena, avanzando como una marea desoladora que sólo dejaba muerte y aniquilación a su paso. Mientras estos hacían añicos , por el momento, a toda amenaza que se ponía a su paso el bloque del Rey marchaba firme y directo hacía el lider enemigo. Cuando apenas quedaban unos metros, el Alto Rey se destacó y alzando su voz y su martillo desafió al general adversario. Éste se rió y rehusó el enfrentamiento directo respondiendo con una serie de descargas de rayos mágicos por los magos que le acompañaban, marchándose atrás en sus filas hasta dónde se hallaban los pesados y temidos cañones del caos manipulados por los odiados en extremo enanos del caos.
Era el momento, era la oportunidad, mientras el bloque del Rey cargaba ferozmente contra las abandonadas,por su general, filas del caos los matadores maniobraban para flanquear. Pero varias hordas de hombres bestia se unieron a la contienda, amenazando con superar a los defensores. Entonces varias trompetas resonaron e imperiales y bretonnianos acudían al lugar de la batalla respondiendo a sus juramentos. Pero como si aquello hubiera sido previsto fueron cercados por Skaven, entre artimañas sucias y descarga de piedra bruja.
Aquello era un infierno desatado sin un claro vencedor, pero la superioridad numérica estaba muy a favor del caos, sus tropas comenzaban a aplastar y vencer a las defensoras. Pero una luz hendió la oscuridad reinante. El sonido de unas alas membranosas llenó el aire. Se alzaron las miradas, casi se paró la batalla. Un dragón surgió en el aire, en sus lomos una figura brillante. Tyrior en su dragón, acudía y detrás suyo filas y filas de guerreros uniendose a la contienda, con varios magos que apoyaron y neutralizaban las dotes de los hechiceros del Caos.
La batalla restallaba por doquier, el campo se llenaba de muertos y caídos,de agonizantes y lamentos. Pero distaba mucho aquella batalla, aquél enfrentamiento de terminar.
domingo, 1 de julio de 2007
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